“Lo que a ella de verdad le satisfacía es que se la metieran despacio, poquito a poco; muy despacio”.
Releyó una vez más aquella breve secuencia de letras. Las palabras. Valoró la trascendencia de la información que suministraban. Y le pareció que era absurda, completamente superflua. ¿Le puede importar a alguien en su sano juicio conocer las preferencias sexuales de su prójimo? ¿No variaban casi constantemente esas predilecciones en función de las apetencias caprichosas de la líbido? Tachó la frase y le dio un trago a la cerveza. Se puso otra vez a cavilar en la búsqueda de esa oración corta, sonora y contundente con la que dar inicio a su relato. Escribió: “....al final del paseo, donde siempre, estaba el mar...”, y pensó que una simple descripción como aquella, tan poco comprometedora a primera vista, le forzaba de manera innecesaria a situar la trama de su historia, o al menos una parte de ella, en un lugar radicado en la costa. Le desagradaron tales constricciones. Deslizando la punta del bolígrafo, trazó una raya longitudinal, casi recta, sobre el renglón. Giró el rostro a un lado, algo así como noventa grados, y vio que lo vigilaba -al lado suyo- el reflejo de su mirada.
Eran finales de marzo. Fuera, al otro lado de los cristales, aullaba el viento. Dentro, apenas se oía el menor de los ruidos. Juan se hallaba sentado junto a la ventana de un café de la Camarga. Era uno de los tres únicos clientes del local. Encima de la mesa, al lado de las cuartillas y el bolígrafo, una copa de cristal llena de cerveza, rebosante de espuma, lo alentaba a aceptar que la vida tenía un “no sé que” que la hacía apta de ser calificada como algo moderadamente satisfactorio. Había llegado hasta allí tratando de escapar del infortunio, buscando la felicidad. Y sus objetivos inmediatos se centraban en poner en práctica ciertas medidas tendentes a librarlo de las casi infinitas preocupaciones que desde hacía unos cuantos meses venía padeciendo a causa de la suerte. De la inconmovible suerte. Hasta entonces, le había ido bastante bien. Era alguien valorado en el trabajo, apreciado por sus amigos, capaz. Por lo menos, así es como él había venido considerando casi siempre que marchaban las cosas. Pero, éstas, los ingredientes de la normalidad, ¡tan apaciguadores!, a partir de cierto suceso nimio, apenas relevante, habían comenzado a cambiar. A darse la vuelta.
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PARA LEER: El Primo Basilio (EÇA DE QUEIROS)
PARA ESCUCHAR: Honeyburst (TIM CHRISTENSEN)
11 comentarios
Como se sabe, el viento está emparentado con el lobo, por eso siempre aulla; ahora también. Tomó la pluma barata y escribiö: "Lo que a ella de verás le gustaba es que se la metieran muy despacio...cualquiera que no fuera él". Él aullaba por dentro al escribirlo más que el viento, más que el lobo que llevaba dentro. Pensó que la tendría que matar, pero le soliviantaba que le emparentaran con tanto varoncillo inane en trance de divorcio. Guardó la pluma y pidió otro pastis.
Afortunado tu comentario. ¡Por ahí van los tiros!.
Aunque la estructura de la trama no es sencilla: una novela dentro de una novela dentro de un diario de viajes, a ver si a algún capitoste de los que todavía no me la han devuelto, le pica alguna mosca en los güevos, se los infla un poco, y el tío se atreve a publicármela. ¡Qué falta les hace a las editoriales de por aquí publicar algo que les sea igualmente familiar a un tío de Tampere y a un tío de Palencia!. De autores locales se editan sólo las obras dirigidas a la lectora (y, secundariamente, al lector) palentino. Y no puede ser, hombre, que no toda la gente somos igual, que yo soy mesetario, no me atormentan los traumas y no se me da del todo mal ligar con australianas.
Un abrazo!
ITEM MAS
Uno de los fallos de este país -en la faceta que acabao de apuntar- es que muchísimos de los que componen todo el tinglado cultural tienen menos "calle" que Herrero de Miñón (y que no se lo tome a mal este señor que debe ser listísimo). Otro abrazo.
Curiosa tu azarosa mención de Herrero de Miñon. Verás: como sabrás es uno, casi el único, indivíduo de la casposa derecha de este casposo país que tiene sensatez política, cultura y modales correctos; por eso está arrumbado. Vivía y creo que vive, en la planta noble, -entresuelo-, debajo de las buhardillas enlazadas de la casa de un amigo. Por medio de mi colega le conocí; por supuesto tenía una biblioteca respetable, pero, sorpréndete, en lo que era excepcional, al margen de tostones legislativos y demás, era una colección políglota de Ciencia Ficción exquisita (expurgada paja del grano) y amplísima. Además era un tío encantador con un mueble bar sensatísimo y generoso. Un tío.
Amigo Lansky,
Pero con poca calle.
Precisamente lo he elegido a él por eso. Con 22 años me lo imagino igual de atildado y compuesto que con 52. Cogiéndosela "todo el rato con papel de fumar", en resumidas cuentas. Y no dudo que el tío tenga una colección pelotuda de historias de ciencia ficción, pero sospecho que el mismo no ha vivido en la realidad -salvo en política- una sola historia de ciencia ficción.
Si he elegido a un tío de derechas (entre paréntesis) es porque si coges a uno de izquierdas (entre paréntesis) -que haberlos, haylos- a los adscritos a tal ideología las bromas suelen sentarlos bastante peor y te expones a que te llamen "facha".
Aclarado....creo. Bluff.
Entendí tus intenciones desde el principio, pero para poca calle deberías haber elegido a Borges; alguien dijo de él que le sobraba tinta y le faltaban otros fluídos, como sangre. A quien le sobra calle, para que veas que no siempre es una virtud, es a Zaplana, un auténtico vendedor de crecepelos milagrosos, que no le vende ni por cinco, ni por cuatro ni por tres...
Lansky,
A lo mejor Borges es Borges por ese déficit de calle, justamente.
A lo mejor con más calle hubiera firmado sus obras como Borges Alvarado, pasando del Jorge Luis, que no deja de ser un poco pimpimpom.
La postura de Zaplana en el tinglado de los trenes, chunguísima. Pero, ¡ea!, paso total de hablar de política. Lo que me faltaba a mi -que no me da bola ni dios- ponerme a jalear o vituperar a estos mandrias. ¡Y un huevo!. Para eso están las masas (y los que las jalean) (y se lo llevan crudo).
nadie dice lo contrario de una puritita tautología: Borges es Borges porque era Borges. En cuanto a no hablar de políticas...eso no es política, desgraciadamente, sino cotilleo de políticos, esto es, gentes mediocres que sólo pueden medrar en ese poco exigente campo.
bluff, cielo, que te salga muy bien la boda, que disfrutéis mucho los dos.
besazos
hostias, perdón, pensé que era este sábado y luego releí la fecha que dijiste. bueno, pues ya esta dicho.
buen fin de semana a todos
Sorry, donde puse Alvarado tenía que haber puesto Azevedo, que es como de verdad se llama de segundo apellido el ilustre erudito argentino. Bluff.
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